jueves, diciembre 22, 2005

MI EXPERIENCIA

La verdad es que mi experiencia como voluntario ha sido bastante corta (algo más de dos meses) pero intensa. Este último verano (2005) he estado en un centro de acogida de niños de la calle, que se llama Ipoderac, cerca de Atlixco, un pueblito en el Estado de Puebla (México).

En el Ipoderac, viven 72 niños de edades comprendidas entre 7 y 18 años, en 6 casas diferentes. En cada casa, viven 12 niños con un educador y un voluntario. Es decir, yo era como un “monitor de colonias”, pero obviamente, con niños que han vivido y sufrido bastante más. Personalmente, creo que he recibido muchísimo más de ellos que lo que yo les haya podido aportar, de todas formas, espero que sigan acordándose de mí...

La verdad es que las historias y vivencias personales de los niños eran realmente impresionantes; desde niños que no sabía coger una cuchara o limpiarse y vestirse con 8 años (porque han vivido siempre en la calle), hasta hijos de “coyotes” (lo que serían aquí las mafias clandestinas de inmigración). Me sorprendió mucho las marcas que muchos niños tenían en las cabezas, por los maltratos sufridos muchas veces de sus propios familiares. Por cierto, ¿sabíais que hay más de 300.000 niños que viven en la calle únicamente en México? ¡Espeluznante!

En Puebla

De toda mi estancia allí, con lo que me quedo definitivamente es con lo que me pasó el último día. Yo había llevado ropa vieja con la intención de dejársela a los chavos (chavales); el último día, la repartí entre los más pequeños y una de ellas se la di a José. José es un chaval de unos 13 años (es que claro, él no sabe su fecha de nacimiento, porque fue abandonado) que pese a haber vivido toda su vida en la calle sabe leer y escribir. Es muy inteligente y autodidácta y realmente valora la oportunidad que se le está dando en el Ipoderac. Por eso, a pesar de que llegó una semana antes de que yo me fuera y todavía no nos conociéramos mucho, decidí darle una de las camisetas. Además, no le vendría mal, ya que sólo tenía una camiseta de su equipo de fútbol (que le habían dado cuando el DIF que es la policía de los niños en México, le sacó de la calle) a la que ni siquiera le había quitado la etiqueta, para demostrar que era auténtica. Muchas veces, José repetía que eso era todo lo que él tenía. Pues bien, cuál fue mi sorpresa, que al cabo de unas horas, vino donde mí y me dijo que yo era la primera persona que le había regalado algo y que por eso quería que me quedara con su camiseta. Eso realmente ha sido una de las cosas más bonitas que me ha pasado en la vida.

Espero haberle despertado a alguno el gusanillo del voluntariado.

3 comentarios:

jaB...!!! dijo...

Increible. Lo que pasa es que a la gente le encanta leer estas cosas, pero no da el paso para ayudar. Muchos podría ayudar y el problema es que no lo hacen por vagancia y dejadez.
Es triste pero cierto. De todas formas, algo habrá que hacer con el tema del comercio justo.
Pensaremos....
SL2

Anónimo dijo...

A josé guadalupe le dió por irse un día cualquiera, a ti te dejo la camiseta del chivas, a mi 12 pesos para comprar una radio en atlixco,un día que me iba a la lavandería, se fue y no volvió. Y no volverá por vergüenza...volvìó al DF con otro, con aquel grandote que tenia un poco de retraso y que al cabo de unos años acabas por ponerle cara y no nombre...al fin y al cabo no lo tienen cuando los ves una y otra vez en todos sitios, desde india al sur de marruecos. Pero José Guadalupe se fue con aquel pra protegerlo, al menos él sigue teniendo el nombre, sin camiseta del chivas y sin los doce pesos, tampoco sin radio...
R.

Anónimo dijo...

hey...lei demasiado tarde esto pero me gusto, saludos julian de tu jefa del ipo ;).... D